Arribar a Sudáfrica, un país con más de 56 millones de habitantes, y a su vez, 11 idiomas oficiales puede ser impactante.

Tan impactante como Johannesburgo, una de sus cuatro capitales, sencillamente es sorprendente.

La amabilidad de su pueblo que se percibe en todas las esquinas y su hospitalidad, son el primer síntoma de que puede ser un gran sitio para visitar.

Johannesburgo, es realmente una ciudad verde, en todas sus cuadras hay árboles y en toda la ciudad superan el millón.

Fue fundada en 1886 tras el descubrimiento de oro en Witwatersrand, convirtiéndose en una década en una ciudad con más de 100.000 habitantes.

El distrito de Maboneng, caracterizado por sus bares, sitios culturales, y el principal “South African Market”, hacen del recorrido un lugar muy especial. La música proviene de distintos lados y se percibe con la misma calidad.

Además, es un sitio donde las fiestas son todos los días. La juventud se acerca hacia allí sin importar el día de la semana.

Johannesburgo es el centro económico y financiero de Sudáfrica, produciendo el 16% del producto interno bruto del país y el 40% de la actividad económica de Gauteng. La minería es la base de la economía de Witwatersrand, pero su importancia va en declinación gradualmente. La minería del oro ya no tiene lugar dentro de los límites de la ciudad, pero la mayoría de las compañías mineras tiene sus oficinas centrales en ésta. La explotación de este mineral ha provocado la formación de auténticas montañas artificiales y le ha dado una gran riqueza a la ciudad.

Braamfontein, otro sitio de la ciudad de Johannesburgo, es particular y especial por los graffitis en las paredes.

Ahora bien, la “cultura grafitera” también es un síntoma de que el pueblo escribe en la calle, y que justamente, ya no se calla nada.

Mathebula Bongani, el hombre que nos acompaña en la recorrida por el barrio de Braamfontein nos señala que “son mensajes icónicos que tienen llegada al pueblo. El grafiti de Mandela con el texto que dice The Purple Shall Govern remite a que la policía pintaba de púrpura a quienes se manifestaban durante el Apartheid”.

En Joburg,-  así abrevian a la ciudad – , la calidad y hospitalidad del pueblo es moneda corriente.

Sin duda, una cultura muy marcada y arraigada. Un lugar para visitar y recorrer cada esquina y distrito.