A pesar de los esfuerzos de sus biógrafos, mucho es lo que se fantasea sobre la figura de Walt Disney. Un repetido rumor asegura que Disney era un inmigrante europeo, probablemente español, que llegó a los Estados Unidos y que, más tarde, por temor a suspicacias, falseó su origen. También han sido mitificadas las circunstancias de su muerte: muchos creyeron que Disney había sido congelado con modernas técnicas de hibernación, a la espera de que en un futuro pudiese despertar.

No ha de extrañar, toda esta mezcla de realidad y fantasía alrededor de quien pasó a la historia como uno de los más prolíficos, contradictorios e influyentes cultivadores de la imaginación infantil.

Walter Elias Disney nació el 5 de diciembre de 1901 en Chicago, Illinois. Cuarto de los cinco hijos que tuvieron Elias y Flora Disney, su infancia transcurrió entre apuros económicos y bajo la severidad de su padre, carpintero de profesión, que probó suerte en toda clase de negocios.

Pasados un par de años, Walt, que ocasionalmente ganaba algún dinero vendiendo sus caricaturas, se matriculó en el Instituto de Arte de Kansas City, donde aprendió las primeras nociones sobre la técnica del dibujo. En aquellos años de su adolescencia descubrió el cine, un invento que le apasionó desde el primer momento.

En 1923, Disney emigró a Hollywood. La floreciente industria cinematográfica había convertido a la ciudad en la nueva tierra prometida. Allí junto a su hermano Roy, fundarían Walt Disney Studio. En octubre de 1928, cuando Disney buscaba distribuidor para las dos películas que había producido con Mickey Mouse como protagonista, se proyectó el primer filme del cine sonoro. Adelantándose a otros productores que creyeron pasajera aquella innovación, Walt se apresuró a incorporar el sonido a una tercera película de Mickey, «Willie en el barco de vapor» (1928).

Con Mickey Mouse como buque insignia de una compañía en alza, Disney creyó que no debía dormirse en los laureles ni aburrirse haciendo sólo películas del famoso ratoncillo, que en 1932 le dio el primero de los Oscar que recibiría durante su carrera, y que increíblemente, también marcó sus inicios en el polo.

Adicto al trabajo, para el que robaba muchas horas de sueño, Disney tuvo una seria crisis de salud que le obligó, a finales de 1931 y cuando el club de Mickey Mouse ya tenía un millón de miembros, a tomarse unas largas vacaciones con su esposa. De vuelta a Hollywood, y por prescripción médica, Walt se apuntó a un club deportivo donde practicaba boxeo, lucha libre y golf. Poco después descubrió la hípica y, finalmente, el polo, del que fue un fanático durante el resto de su vida.

En la década 30, hubo más de 25 campos de polo en Los Ángeles, incluyendo el famoso Beverly Hills Polo Lounge, creado en ese momento y que sigue siendo un lugar de reunión social de Hollywood hoy en día.

En Hollywood, el artista-polista más destacado era el humorista Will Rogers, con quien Disney tenía una gran amistad y de hecho sería quien lo introdujera en este deporte al que en un principió definió como «el golf en un caballo.»

El entusiasmo de Walt por el polo hizo que jugara hasta el propio Mickey Mouse. «Polo Team de Mickey» fue lanzado el 4 de enero, 1936, y allí cuatro populares personajes animados de Disney juegan contra de un equipo de estrellas de Hollywood del momento (Charlie Chaplin, Oliver Hardy, Stan Laurel y Harpo Marx). Los espectadores en las gradas son una mezcla de personajes animados y celebridades de Hollywood (Clarabella besa a Clark Gable, Edna May Oliver se sienta junto a Max Hare, alegrías Shirley Temple al lado de los tres cerditos, etc.)

Por esos días Walt, Roy y varios de los integrantes de Disney Studios, se entrenaban regularmente cada mañana, y hasta utilizaban la hora del almuerzo para mejorar sus golpes en el polo sobre unos caballos de madera que habían construido en un parque cercano. Cada semana organizaban partidos y hasta llegaron a viajar a México, con un equipo que llamaron «Donald Duck Polo Team».

Sin embargo dos hechos marcarían al cortometraje, y a la carrera deportiva de Walt Disney.

Originalmente, en la película, aparecían algunas caricaturas de los integrante del estudio Disney. Sin embargo, la muerte de Rogers en un desafortunado accidente de avión en agosto de 1935, dio lugar a que el dibujo se elimina de la historieta. El corto durante años permaneció archivado.

La pasión por el polo continuó, pero años más tarde, Walt, que siempre pretendía jugar con los mejores jugadores, se enteró que en el Riviera Polo Club, había llegado un equipo de América del Sur, conocido como «Los argentinos», y quizo practicar con ellos.

Un bochazo en la espalda lo dejó con cuatro de sus vértebras cervicales fisuradas. En lugar de ver a un médico, fue a un quiropráctico, que manipuló la espalda de Walt. Por desgracia, la lesión podría haber sanado. En lugar de ello, el resultado fue una forma dolorosa de artritis que lo maltrató por el resto de su vida.

Cuando entró en el Hospital de San José por última vez, a nadie extraño que le pidiera a los médicos especial atención por su vieja lesión del polo.

En 1938, Walt vendió sus caballos, renunció al Riviera Polo Club y con el enorme éxito de «Blanca Nieves», se concentró en sus próximos proyectos animados que incluían Pinocho y Bambi, para la que viajó especialmente a la Argentina.

Dicen que sus hijas no sabían mucho acerca de la breve estancia de su padre en el mundo del polo. Aunque se criaron en una gran sala de juegos rodeada de retratos de caballos de polo y varios trofeos; a la vez que destacaban el sentido del humor de su padre, quién cada vez que le preguntaban: ¿cómo llevaba eso de ser una celebridad?, respondía, “Nunca me ha ayudado a hacer una buena película, a que mis hijas me obedezcan, o a dar un buen golpe en el polo. Ni siquiera me sirve de nada con las pulgas de mis perros”.