En un enclave bucólico, entre el Mediterráneo y la sierra de Almenara y en torno a la desembocadura del río Guadiaro, el empresario Joseph McMicking decidió construir en la década de los 60 un espectacular campo.

No tardaron en levantarse alrededor las primeras casas y poco a poco fueron desembarcando algunas de las familias más nobles y adineradas de Europa. Medio siglo después, Sotogrande posee un área de 20 kilómetros cuadrados, nueve canchas de polo, cinco campos de golf y más de 2.000 amarres repartidos en la marina y el puerto deportivo.

Este rincón del municipio de San Roque (Cádiz), donde hasta 7.000 personas residen durante la temporada alta, no es un pueblo pero es mucho más que una urbanización. Y Marc Topiol es el encargado dirigir este peculiar negocio.

Topiol fue nombrado director ejecutivo en noviembre de 2014, en cuanto Cerberus y Orion cerraron la venta del negocio de Sotogrande por 225 millones de euros con NH Hotel Group, máximo accionista del complejo desde 2006 y que apostó por una desinversión de activos no estratégicos para aliviar su deuda. Con más de 25 años de experiencia en la industria hotelera, los últimos 10 involucrado en proyectos del grupo Marriott Internacional en París, Londres o Phuket, el directivo francés trabaja para revitalizar ese hogar de la elite mundial al mismo tiempo que trata de abrirlo a los visitantes.

«Cuando llegué, Sotogrande era una bella durmiente. Necesitaba un gran beso para levantarse, rejuvenecerse y llevarla hasta el siglo XXI. Todos los ingredientes estaban ahí pero no había una actividad natural debido a la crisis y a otras razones».

El director ejecutivo reconoce que «cualquier producto de alta gama se ve menos afectado por las crisis», pero el problema de Sotogrande no era la situación de los residentes, sino el propio negocio: «El impacto de la crisis se produjo antes, en 2007, cuando el propietario de un hotel tenía más dificultades a la hora de hacer inversiones para llevar a cabo las reestructuraciones necesarias».

El grupo de Marc Topiol ha desembolsado 50 millones de euros para los dos primeros años. La inversión se dirige hacia dos direcciones. Por un lado, creando contenidos y servicios, «siendo la parte donde recogemos más beneficios porque es aquí donde un cliente decide tener una residencia». Por otra parte, «el área», como lo llama el CEO de Sotogrande. «Desde que llegamos hemos creado 150 empleos directos y muchos indirectos. Tenemos un impacto alrededor del Campo de Gibraltar y eso es importante; si todo el mundo es feliz, no sólo en Sotogrande sino en los alrededores, los servicios serán mejores. La crisis afectó a la zona y tenemos un papel pequeño para ayudar a que todo vaya mejor».

El deporte sigue siendo trascendental en el mayor complejo residencial privado de Andalucía, «no sólo por aparecer en los medios, también porque a través de otros canales digitales alguien de Estocolmo puede ver lo que ofrecemos y decidir venir». El programa deportivo de 2016 ha sido extenso: una veintena de torneos de polo, el Open de España de golf y regatas como el Mundial de J80 o los circuitos de RC44 o de los catamaranes voladores GC32.

El próximo gran proyecto es La Reserva. «Su nombre lo dice todo: poca densidad, seguridad, privacidad, elementos icónicos… Se trata de siete villas únicas en el mundo, diseñadas por siete de los arquitectos más prestigiosos del Planeta y ubicadas en el corazón de Sotogrande». Poco más quiere desvelar por ahora.

La comunidad está formada por un «40% de españoles, un 40% británicos y un 20% de otras partes de Europa». El plan de Topiol pasa por ganar residentes nacionales. «Pero nuestro público también son los invitados de los vecinos. Queremos que toda la gente que viene quiera quedarse para toda la vida».