Santiago Lange, del agua a los caballos el campeón olímpico que llegó al polo

El deportista asesora a Ellerstina en sus métodos de trabajo; «hay que practicar mucho para alcanzar a La Dolfina», dice.

El polo dejó de ser olímpico hace 80 años, cuando la Argentina logró en Berlín su segunda medalla dorada. Pero Ellerstina tiene un campeón olímpico en sus palenques: Santiago Lange . El vencedor en yachting en Río de Janeiro apenas sabe algo de este deporte, pero es la incorporación más reciente e impactante -aunque de perfil bajísimo- de la organización más desarrollada y profesional del polo, en un ambiente aún amateur en muchos aspectos.

A principios de este año, Pablo Pieres les habló de Lange a sus primos y compañeros de equipo. Ellerstina venía de completar su tercera temporada vacía de trofeos -algo muy raro para semejante equipo- y los Pieres acentuaron esa búsqueda permanente de afinar detalles, de sumar todo lo que ayuda a profesionalizarse. No tardaron en ponerse de acuerdo, mientras Santiago se preparaba para competir en los Juegos. Pero los Pieres no tenían mucha idea de sus posibilidades de ocupar un podio. Lange ni les contó. Por modestia.

Los hermanos casi ni lo siguieron, mientras estaban jugando en el exterior. Conseguida la medalla dorada, los Pieres no podían creerlo. Ahora están a gusto con su campeón olímpico ordenándolos, facilitándoles la comunicación, haciéndolos descubrir defectos de organización corregibles. Suele venir bien una mirada externa que ponga en perspectiva lo que los protagonistas, por estar dentro, no alcanzan a apreciar.

Y Lange hace eso. Observa, observa y hace un comentario. Que los caballos de Facundo estén siempre en un mismo lugar en los palenques, para que el DT Mariano Aguerre sepa dónde encontrarlo y darle una indicación. Que no pierdan un minuto de los tres de descanso en protestas a un referí. Que es importante respetar las horas pautadas para las actividades colectivas. Que se junten más veces por semana para charlar. Cuenta una historia de su experiencia para hacerles ver algo que pueden estar experimentando sin darse cuenta. Hace preguntas: «¿Por qué no probamos esto?». Eso. Simple, sí. Detalles que en la suma van haciendo diferencias. Al menos eso creen.

Lange viajó ocho meses antes a Río de Janeiro, donde competiría en pos de cumplir el gran anhelo de su vida deportiva. Conoció el lugar, aprendió sobre las corrientes de agua. Cuando le aplicaron dos sanciones en la regata final de Nacra 17, la prueba en que se jugaba la medalla, corrió serio riesgo de quedarse sin podio, de pasar del oro a un insuficiente diploma olímpico. Por la preparación mental, evitó discusiones con su compañera Cecilia Carranza y se enfocó en retomar la marcha. Por ese conocimiento previo, supo qué debía hacer sobre el agua para llegar a tiempo. Lo hizo con lo justo, pero lo suficiente: hizo sonar el himno nacional en la Bahía de Guanabara.

Ahora mira polo. Partidos y prácticas. Cuando se juega en serio, se para en una esquina de la cancha, apuntador y botella de agua en mano. No mira tácticas; no las entiende por ahora. Sí conversa bastante con el responsable de armarlas, Aguerre, quien lleva la voz cantante en los descansos entre chukkers. Él habla más en la semana. Poco. Lo necesario.

No da charlas motivacionales. No es coach holístico, esa tarea que está de moda. «No tengo título como para hacer eso», apunta. No quiere cambiar todo, porque recién llega a este ambiente y debe conocer más. Por ahora se focaliza en la comunicación entre los polistas y hace apuntes para abrir los ojos. Para remover estructuras y procesos. «Cuando uno cambia métodos, siempre hay cosas que son para peor, porque uno está acostumbrado a hacerlas de cierta manera. Esto es a largo plazo. Los resultados no son visibles de un día al otro. Hay que confiar en el proyecto», explica. Está «encantado» en La Z porque sus asesorados «son gente espectacular» y así es más fácil trabajar. Mira más allá, sin perder de vista el hoy. «La Dolfina está en un nivel excelente y hay que practicar mucho para alcanzar ese nivel», advierte.

Con Lange, Ellerstina hila aun más fino en un ámbito en el que todavía se pinta con trazos gruesos.

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