La hija de María Vázquez y Adolfito Cambiaso tiene 14 años y ya se codea con las mejores del mundo. Gestó su amor por el deporte sin presiones, como quisieron sus padres, y mientras se divierte prepara el terreno para hacer historia.
El lunes no fue un día cualquiera en Palermo. En la previa del duelo entre Alegría y La Irenita por los cuartos de final del 123º Abierto de Polo, por primera vez se disputó en ese predio un duelo entre dos equipos enteramente femeninos. Fue un test match entre Argentina e Inglaterra, pero más allá del hecho histórico, en las filas del equipo celeste y blanco figuraba una jovencita de 14 años y dos goles de hándicap de apellido que suena conocido: se trata de Mía, la hija mayor de María Vázquez y Adolfo Cambiaso, leyenda viviente de este deporte. Con la 1 en la espalda como su padre, se mostró muy resuelta y ayudó con creces para que el combinado nacional se imponga por un cómodo 13-3.
Durante el partido, que se jugó en la cancha 2, Mía estuvo acompañada desde el palenque por su madre. Y si bien Adolfo no pudo llegar hasta Palermo –organizaba en Cañuelas la copa Diamantitos, donde jugó otro de sus hijos, Poroto (11)– dijo presente en todo momento vía telefónica, chequeando los parciales y muy atento al rendimiento de la ‘heredera’.
Pese al hito, no es la primera vez para Mía en la Catedral del Polo: ya había jugado en la cancha 1 en diciembre de 2015, y nada menos que con su papá en el equipo. Fue durante la final de la Pilará Mix Cup, y el equipo lo completaron Milagros y Candelaria, las hijas de otro que supo tener 10 goles de hándicap, Milo Fernández Araujo. «Nunca se sabe cuántas oportunidades vamos a tener para hacer algo como esto. Estoy muy feliz de que hayamos jugado juntos y vivir momentos así», dijo Adolfo aquel día. Y Mía tampoco desaprovechó la oportunidad para demostrar su alegría por compartir la experiencia con su admirado padre: «Es el mejor y me encanta jugar con él, la pasamos muy bien».
Nacida entre caballos y acostumbrada a vivir prácticamente todo el año de viaje junto a su familia –estudia con una profesora que recorre el mundo con ellos–, Mía gestó su amor por el polo de manera natural y sin presiones, tal como lo deseaban sus padres. Pero parece que lo suyo con el deporte va muy en serio: en julio, por ejemplo, viajó a España para coronarse en el Campeonato Nacional de Polo Femenino. La estirpe ganadora, está claro, ya la heredó. Por eso, estos años de desarrollo son fundamentales, y los aprovecha fogueándose con partidos como el del lunes, cuando compartió cancha con la número 1 del mundo, Lía Salvo.
«Le veo cosas mías; es la más renegada y combativa de los tres, pero a la vez tiene una personalidad muy sensible», dijo Adolfito sobre Mía. Pero a juzgar por cómo avanza su carrera, parece que en la adolescente hay mucho más que actitud.